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LECTORES DE HUELLAS DIGITALES
Aunque las contraseñas permiten controlar fácilmente el acceso a computadoras, redes y transacciones en línea, pueden ser robadas, en cambio, dado que es prácticamente imposible falsificar un dedo, los lectores de huellas digitales ofrecen mayor seguridad.
En años recientes han proliferado dos tipos de lectores: los escáneres ópticos y los lectores de silicio (o de estado sólido). Los primeros consisten en una serie de dispositivos acoplados por carga que obtienen la imagen digital de una huella dactilar. Los segundos se basan en diminutas celdas sensibles a la topografía de la yema de los dedos. En ambos casos, el software analiza el patrón geométrico de elevaciones y depresiones característico del dedo de una persona, lo compara con los patrones registrados de usuarios autorizados y procede a aceptar o rechazar el acceso.
Los avances técnicos han permitido reducir el porcentaje de error y el costo de estos dispositivos, en el caso de los mejores dispositivos, el número de aceptaciones erróneas es menor que 25 en un millón, mientras que el porcentaje de rechazos por error es menor que tres. Actualmente se puede adquirir un buen lector por 150 dólares o menos.
Aunque la fácil integración del software con los sistemas operativos más populares, esta tecnología no se generalizará realmente hasta que decenas de proveedores acuerden normas para el intercambio entre sus sistemas y los fabricantes de computadoras. Otras aplicaciones, como el control de acceso físico a empresas, o el empleo de las huellas dactilares como firmas electrónicas en el comercio electrónico, podrían ampliar aún más el mercado.
El principal obstáculo tiene que ver con la confidencialidad pues a las personas les preocupa que sus huellas digitales puedan ser almacenadas, copiadas o interceptadas. La tecnología podría reducir esa posibilidad, pero la confianza del público sólo se obtendrá con políticas y prácticas bien preparadas.
DINERO EN LAS YEMAS DE LOS DEDOS.
El mercado de los lectores de huellas digitales crecería enormemente si las personas estuvieran dispuestas a vincular electrónicamente sus huellas con sus cuentas bancarias o tarjetas de crédito. En tal caso, bastaría con oprimir la yema del dedo en un escáner de pantalla para retirar dinero de un cajero automático, o pagar en el restaurante, la gasolinera o el supermercado. En varios distritos escolares de Pensilvania se están probando escáneres que permiten a los estudiantes pagar alimentos de esta manera.
EL IRIS.
El complejo patrón que forman los diminutos filamentos del ojo humano es un rasgo aún más característico que las huellas digitales. El grado de error de los sistemas de reconocimiento que analizan la geometría del iris es extremadamente bajo. Sin embargo, pocas organizaciones que los emplean debido a que cuestan el doble que los lectores de huellas digitales, además de que a los usuarios les desagrada mirar al lente de una cámara. Con todo, Virgin Atlantic y British Airways están probando en el aeropuerto de Heathrow, en Londres, un sistema de este tipo, cuyos principales beneficiarios serían los viajeros frecuentes, quienes en lugar de formarse en las largas filas para la revisión de sus documentos, sólo tendrían que pasar ante un escáner.
LA IDENTIFICACIÓN:
Los ingenieros en biometría pueden identificar a una persona a partir de ciertos rasgos peculiares de su rostro (la distancia entre la punta de la nariz y el labio superior o el ángulo de la frente), su voz (frecuencia y cadencia), su andar (cambio en los ángulos entre las partes del cuerpo al dar un paso), la geometría de sus orejas y hasta del olor de los vapores que se desprenden de sus poros.
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